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viernes, 15 de abril de 2011

Serie: Lunáticas (I)

Creciente 
(03/2011)


Mircea Eliade en Lo sagrado y lo profano establece una estrecha relación entre las primeras “síntesis antropocósmicas” y la valoración religiosa de los ritmos de la Luna, es así que el nacimiento, muerte y resurrección de la luna (sus distintas fases) se han puesto en relación con la propia vida de los seres humanos, comparando y “solidarizando” varios hechos sin relación aparente (nacimiento, evolución, muerte, las aguas, vegetales, la mujer, fecundidad, inmortalidad, etc.) para integrarlos en un “sistema unitario”.

En el Diccionario de los símbolos de Jean Chevalier, Marguerite Chevalier dice con respecto al simbolismo lunar que ésta ha sido fuente de innumerables mitos y leyendas presentando la imagen de diversas divinidades femeninas (Isis, Ishtar, Artemisa, Diana, Hécate, etc.), “la Luna es símbolo cósmico que se ha extendido a todas las épocas, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días, de uno a otro horizonte”. A lo largo de las distintas expresiones culturales: la mitología, el folklore, los cuentos populares, la poesía, el arte, etc. este símbolo está estrechamente vinculado a la divinidad de la mujer y a la “potencia fecundante de la vida”, representada por las distintas divnidades  de carácter tanto animal como vegetal asociadas a la fecundidad, y relacionadas en el culto de la Gran Madre (Mater Magna).

Al decir de Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos, la Luna ha sido percibida por el ser humano desde el comienzo de los tiempos como la causante de las modificaciones en las mareas y la extraña conexión existente entre el ciclo menstrual de las mujeres y el ciclo lunar debiéndose esto al origen acuático de la vida determinado por los ritmos lunares durante millones de años. Es así como la Luna se erige en “Señora de las mujeres”.

Es entonces que en el mundo entero se ha asociado a la Luna desde los comienzos con lo eterno femenino, ya que el ciclo mensual del satélite terrestre recuerda los ritmos de la femineidad, que tiene una duración casi exacta. En su libro La Diosa, Adele Getty  describe la representación desde tiempos prehistóricos de la mujer (la Gran Madre) en notable grado de gravidez y en estrecha vinculación con la luna (en forma de cuerno de bisonte, por eso este animal ha sido símbolo de la femineidad) y sus fases (la Venus de Laussel sería un claro ejemplo de ello).

La primera menstruación se llama menarca nos dice Hilia Moreira en el libro Cuerpo de mujer , así la luna estaría presente al inicio de la palabra (men; la raíz para M. Eliade –El mito del eterno retorno-  es me-, que ha derivado en latín tanto a mensis como a metior, es decir medir), siendo su terminación, arjo (que en griego significa mandar, regir, gobernar). Entonces cuando la mujer tiene su primera menstruación queda inmediatamente bajo el influjo lunar. La menarca, vista como un rito de paso (sería interesante estudiar la relación con la “presentación en sociedad” de nuestra tierra adentro), hace que aquella que fue niña hasta ese momento, tenga a partir de ahora “la capacidad de compartir la naturaleza misma de la Madre Cósmica y de su rostro pleno, la Luna”. Es así que para Moreira la primera menstruación significaría tanto un nuevo tipo de relación con la luna y, en términos más amplios, un cambio a nivel mental.

Cuando H. Moreira nos dice que en el vocablo lunático, (también existente en el francés lunatique y en las expresiones inglesas lunatic y moon madness), están reflejados los aspectos negativos de la estrecha relación entre la luna y la mente, le falta agregar que por un proceso metonímico (característico de los esencialismos) se puede asociar el estado mental “característico” de la relación luna-mente al estado psicológico de la mujer por la relación primordial luna-mujer, siendo esto base de una visión negativa del comportamiento femenino, en contraposición al buen comportamiento masculino.

El  psiquiatra Arnold. Lieber ha conducido un estudio sobre las conductas criminales y las fases lunares (El influjo de la luna), observando que muchos delitos ocurren en el curso de la Luna llena o de la Luna nueva. Para explicar esto aduce que el ser humano sería un microcosmos a escala proporcional y materialmente de la Tierra, por lo tanto la energía lunar puede alterar el campo electromagnético humano, así como el terrestre. El ser humano está compuesto por un ochenta por ciento de agua y un veinte por ciento de sólidos, al igual que la superficie de la Tierra, es así que la fuerza gravitatoria lunar que ejerce gran influencia en las mareas oceánicas, influiría en el cuerpo humano; en las lunas llena y nueva se darían las mayores “mareas biológicas” siendo el influjo lunar más potente en esas lunaciones, desequilibrando la estructura psicosomática del individuo.

Asi quedan esbozadas de manera somera las relaciones entre la Luna y los seres humanos (tanto desde lo antropocósmico como desde lo biológico), y más particularmente entre la Luna y la Mujer, en estrecha ligazón desde el principio de los tiempos.