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martes, 2 de octubre de 2012

Insumos teórico-prácticos para comprender e intervenir en la temática del uso de Drogas


Esta es la primera de una serie de entregas correspondientes al curso “Insumos teórico-prácticos para comprender e intervenir en la temática del uso de Drogas” organizado por la Secretaría Nacional de Drogas y FLACSO Uruguay (y que comenzó el 23 de junio).
Este primer eje analítico da cuenta (según las especificaciones curriculares) de algún aspecto, tanto del artículo de Gianella Bardazano publicado en Aporte Universitario al Debate Nacional sobre Drogas, como de la Estrategia Nacional Para el Abordaje del Problema Drogas. Periodo 2011 – 2015, tomando como base las conclusiones desarrolladas en el libro de Thomas Babor et al. La política de drogas y el Bien Público  

imagen tomada de: http://www.lr21.com.uy

La inexistencia de una única causa relacionada al uso problemático de drogas, implica que los abordajes al mismo deben dar cuenta de las múltiples “diferencias entre las sociedades en cuanto a las drogas específicas que son problemáticas, las modalidades de uso  de las drogas, el daño asociado con el consumo y la distribución de drogas y la forma en que se controlan diversas sustancias, entre miles de otros factores”  (Babor, 2010:264), todo lo cual está dentro de los lineamientos generales de la Estrategia Nacional para el Abordaje del Problema Drogas 2011-2015, que parecería abarcar en extenso la gran mayoría de las recomendaciones que describe Babor en las conclusiones de su libro, desde la consideración multicausal del problema y la influencia de las políticas sociales (en salud y educativas fundamentalmente), en los problemas relacionados a las drogas y su consecuencia recíproca, hasta la revisión de las políticas actuales que no han sido en modo alguno eficaces, y la influencia del sistema farmacéutico legal en la problemática drogas (Babor, 2010:269). Ejemplo claro de esta adhesión es el reconocimiento de una “necesidad de revisar el paradigma vigente y avanzar en una evaluación seria de la estrategia mundial y de los modelos de fiscalización actuales a través de un debate político, cultural, que recoja los aportes científico-académicos y saberes acumulados en las prácticas sociales y comunitarias evaluadas como positivas” (Junta Nacional de Drogas, 2011:9), asimismo se da cuenta de esto en  la asunción de la problemática específica como un “problema social complejo y dinámico, fuertemente anclado en factores económicos, políticos y culturales que impacta en todos los estratos sociales” (Junta Nacional de Drogas, 2011:7), aunque se deja de lado una especificación etaria, dando lugar a algunas asociaciones simplistas, por ejemplo juventud (aumentando el estigma social si se es pobre)-usuario de drogas-violencia, que son visibles constantemente en los medios de comunicación[1], reflejándose metonímicamente en el discurso cotidiano.

A pesar de los puntos positivos en la Estrategia Nacional para el Abordaje del Problema Drogas 2011-2015, hay un debe importante con respecto a la especificación sobre los distintos usuarios y los distintos tipos de sustancias a consumir, sin tener en cuenta a este respecto que “hay variaciones sustanciales dentro de una misma sociedad, por ejemplo, entre los sexos, las razas y los grupos de edad y en distintas etapas de la epidemia de drogas” (Babor, 2010:264), siendo las “problemática sobre drogas” por demás abarcadora, dejando de lado propuestas orientadas a un tipo de consumo particular, salvo en el caso de las “cocaínas fumables (pasta base, paco, crack, bazuco)” (Junta Nacional de Drogas, 2011:8), que son las más vinculadas por la doxa a la juventud y la situación de violencia cotidiana, y que casualmente son las de menor costo, es decir las más asequibles a los estratos de menores recursos, reproduciendo a nivel institucional, los esquemas de asociación impuestos desde los medios de comunicación: juventud (pobre)/droga/violencia, en definitiva, el otro devenido en monstruo.

No hay que dejar de lado a este respecto lo escrito por Foucault en cuanto a las formaciones discursivas en general, así como al acopio y agenciamiento  de  la producción social de los discursos por parte de las clases dominantes, es decir la “función que debe ejercer el discurso estudiado en un campo de prácticas no discursivas […] Esta instancia comporta también el régimen y los procesos de apropiación del discurso; porque en nuestras sociedades (y en muchas otras, sin duda), la propiedad del discurso -entendida a la vez como derecho de hablar, competencia para comprender, acceso lícito e inmediato al corpus de los enunciados formulados ya, capacidad, finalmente, para hacer entrar este discurso en decisiones, instituciones o prácticas-. está reservada de hecho (a veces incluso de una manera reglamentaria) a un grupo determinado de individuos; en las sociedades burguesas que se han conocido desde el siglo XVI, el discurso económico no ha sido jamás un discurso común (como tampoco el discurso médico, o el discurso literario, aunque de otro modo)” (Foucault, 1979: 111-112), lo que coincide en parte con lo explicitado por  Bardazano al respecto de los textos normativos: “los textos normativos son susceptibles de interpretaciones contrapuestas en la perspectiva sincrónica y de interpretaciones mutables en la perspectiva diacrónica, la norma no puede ser sino el resultado de la actividad interpretativa” (Bardazano, 2012:42).


Lista de Referencias

Babor, Thomas et al. (2010). La política de drogas y el bien público. Washington: OPS

Bardazano, Gianella. (2012). Se presume culpable. Sobre la justificación de las decisiones judiciales relativas a la interpretación del artículo 31 del decreto ley 14.294 en su redacción dada por la ley 17.016. En: UdelaR, CSIC. (2012) Aporte Universitario al Debate Nacional sobre Drogas. (pp. 37-59). Montevideo: CSIC.

Foucault, Michel. (1979). La arqueología del saber. (A. Garzón del Camino, trad.). México D.F.: Siglo XXI

Presidencia de la República, Junta Nacional de Drogas. (2011). Estrategia Nacional Para el Abordaje del Problema Drogas. Periodo 2011 – 2015. Montevideo: s/e.

Documentos on-line

Delgado, E. (2012). Menores: de cada cinco delitos, uno está relacionado a drogas. Recuperado: 2012, 07, de Julio. Disponible en: http://www.elpais.com.uy/120301/pnacio-627839/nacional/Menores-de-cada-cinco-delitos-uno-esta-relacionado-a-drogas/




[1] Afirmaciones como la siguiente son comunes en varios medios de comunicación masivos: “Menores: de cada cinco delitos, uno está relacionado a drogas”, relacionando directamente delitos graves y la violencia de los mismos con el consumo de drogas ilegales; ahondando en el cuerpo de la noticia se deja en evidencia que la droga de mayor consumo entre los internados del Sistema de Ejecución de Medidas a Jóvenes en Infracción al momento de cometer delitos (que no necesariamente indica propensión a cometer delitos violentos), es el alcohol (un 35% de los jóvenes consumió alcohol en el mismo día que cometió el delito –un 5% consumió pasta base-, no necesariamente al momento de cometer el delito). (Delgado, 2012)

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