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miércoles, 19 de diciembre de 2012

SOBRE: AZABACHE Y AFRODESCENDIENTE

Con respecto al artículo publicado en la página antropologianutricion.org por el lic. en nutrición Sebastian Prates Azabache y afro descendiente, cabe hacer algunas aclaraciones ante algunos conceptos erróneos





No nos engañemos, lo sucedido sin dudas es violencia, pero también y al mismo tiempo es racismo burdo y crudo (no pueden separarse una de la otra, pero desconocer las circunstancias sociohistoricas en las que se forjan estas diferencias es esencializar las mismas y por lo tanto asumirlas como dadas, como parte de una supuesta esencia natural a todo ser humano, sin reconocer el carácter de constructo social de cualquier identidad –individual o colectiva- y las violencias que se le asocian). Según Lao-Montes, se pueden definir  tres dimensiones del racismo: el racismo estructural, el racismo institucional y el racismo cotidiano. El racismo estructural es el que ejerce una discriminación de base desde el Sistema-Mundo Moderno/Capitalista, patriarcal que afecta a las clases trabajadoras, campesinos y sujetos categorizados racialmente en forma negativa (indígenas y afrodescendientes, fundamentalmente). El racismo institucional que se hace explícito en la subrepresentación de afrodescendientes en organismos estatales, exclusión de estudiantes y docentes afrodescendientes en el sistema educativo, así como ausencia de historias negras en los programas educativos, exclusión de los mercados de trabajo, etc. El racismo cotidiano, finalmente, expresado en las constantes formas de discriminación de las que son objeto los afrodescendientes (Lao-Montes, A., 2010 en: http://analisisafrodescendiente.bligoo.com/content/view/1143856/Agustin-Lao-Montes-El-Racismo-estructural-afecta-los-componentes-principales-de-la-historia-moderna.html).
Queda bien en claro al hacer una somera lectura de cualquiera de las noticias que circulan desde el lunes el modo en que la discriminación racial (habitualmente enmascarada y sutil) se muestra desnuda y brutal, a modo de ejemplo valga la siguiente:
“Tania Ramírez, una joven afrodescendiente de 27 años, fue insultada y agredida en la madrugada del pasado sábado a la salida del boliche Azabache por un grupo de cinco mujeres.
Ramírez salía del local adonde había concurrido con compañeros de trabajo del Ministerio de Desarrollo Social luego de la cena de despedida de año. La joven intentó tomar un taxímetro, pero el mismo fue abordado por el grupo de mujeres, quienes la insultaron por condición de afrodescendiente y terminaron propinándole una golpiza. La joven fue internada en el Intermedio del Hospital de Clínicas”. (Racismo: masivo repudio a la salvaje paliza sufrida por joven negra a manos de un grupo de uruguayas a la salida de un boliche: http://www.lr21.com.uy/comunidad/1079424-racismo-masivo-repudio-a-salvaje-paliza-sufrida-por-joven-negra-a-manos-de-un-grupo-de-mujeres-a-la-salida-de-un-boliche)
Decir: “No estamos ante un hecho de discriminación hacia la población negra, lo mismo daba ‘flaca de mierda’, ‘gorda trola’, ‘virosa de mierda’ ‘muerta de hambre’,” es en extremo una irresponsabilidad, el lenguaje genera realidad, y no es para nada lo mismo decir ‘gorda trola’ que ‘muerta de hambre’ o cualquier otro epíteto denigrante, que “negra sucia”, a pesar que cada una de estas expresiones lleva implícita una carga de negatividad que no se expresa únicamente en el aspecto físico, en una opción sexual o en una condición socioeconómica, cada persona como participante de varias esferas de realidad que se intersectan se encuentra conformado por cada una de ellas, al asumir sólo una como característica identificadora se la percibe como esencial permitiendo la construcción de categorías sociales que las ordena jerárquicamente, configurando un acto de discriminación, donde para este caso, el par de oposición negro/blanco (por otro lado, nominado desde lo blanco occidental, Linneo por ejemplo clasificaba a los seres humanos en cuatro razas, Homo afer niger era el “negro, indolente, de costumbres disolutas; pelo negro, crespo; piel aceitosa; nariz simiesca; labios gruesos; vagabundo, perezoso, negligente; se rige por lo arbitrario” en D. Vidart. Negritudes y grandezas olvidadas. http://www.bitacora.com.uy/HNImprimir.cgi?4083,0) es el que opera en forma categórica.
Cuando el señor Prates expresa: “La discriminación hacia los negros no se ve en la violencia, no es un indicador, se ve en sus trabajos; en sus puestos, en su educación, en su entorno socio económico”; es difícil saber en qué estudio se basó para hacer esta afirmación, seguramente no en los variados trabajos que se han realizado en nuestro país[1], ya que si bien es cierto que la problemática de fondo es el racismo estructural que subsume el lugar de los afrodescendientes en las instituciones de diversa índole repercutiendo luego en sus condiciones socioeconómicas, no es menos verdadero que cotidianamente se sufren situaciones de violencia simbólica (el taxista que no hizo caso a las señas de Tania Ramirez o las personas que no hicieron nada ante el hecho y asistieron pasivas a la brutal agresión) y física por parte del resto de la población (casos preocupantes como los del año pasado, a los que se intersectan discriminaciones por origen nacional, son una muestra de ello –Luciana Sampaio, brasilera afrodescendiente agredida en un ómnibus, y Tommy, nigeriano agredido en la puerta de un local en Ciudad Vieja-). En más de un trabajo en el que me ha tocado entrevistar afrodescendientes, situaciones de esta índole son parte de las vivencias expresadas como habituales. Por lo tanto decir que “la discriminación hacia los negros no se ve en la violencia”, no sólo es falso, sino que coadyuva a la invisibilización del racismo, lo que implica una determinada forma de administrar el conflicto, bastante habitual hasta fines de este año (Proyecto de Ley de Acciones Afirmativas 17/10/2012), excluyéndolo de la discusión, cuando un problema no es señalado no posee entidad, si no se problematiza no se configura como problema y si no es problema no es necesario emplear recursos (sociales, estatales y políticos) para resolverlos.

Decir que “estamos ante una violencia continua; contra los homosexuales y heteroxesuales, contra los ‘pobres rotosos’, contra los ricos, contra los judíos, contra los cristianos, contra los ateos, contra los negros, contra los blancos, contra los chinos del puerto, contra los peruanos de la Ciudad Vieja, contra las gordas, contra las flacas, contra los hinchas de Nacional, contra los de Peñarol, ni hablemos de la violencia en el núcleo familiar (mal llamada domestica)”, no nos exime de catalogar este hecho en particular como lo que es, un acto de racismo puro y duro; por otro lado pretender que “la violencia” es hoy una característica de nuestro país, es desconocer la historia de nuestras “sensibilidades”, la “bárbara” en la que la agresividad era ilimitada, admitida como normal y cotidiana, y la “civilizada” que “más que eliminar la agresividad, la oculta pudorosamente” (Barrán, 2009, Historia de la sensibilidad en el Uruguay) configurándola en un ente ahistórico, y por lo tanto, imposible de problematizar.

Que nuestra educación no es la mejor, se asume (en las pruebas PISA es la segunda de nuestro continente[2]), pero porqué elegir la finlandesa como modelo (si se le achacan los actuales niveles de violencia en nuestro país a la educación, en Finlandia tienen los niveles más altos de violencia doméstica –manifestación más amplia de violencia familiar- de Europa, y varios atentados en su haber[3]) si quienes demostraron tener los mejores resultados en las pruebas internacionales han sido las escuelas públicas de Shanghái y las de Singapur, asimismo presentan muy bajos niveles de violencia social, pero claro, estos sistemas educativos están basados en regímenes estrictos de exámenes y presiones paternas que asfixian la creatividad, aunque están muy bien formados en “valores” (el obispo Jaime Fuentes también puede hablar sobre la pertinencia actual de los “valores perdidos” por nuestra sociedad[4]), por otro lado resolvieron el problema de los sueldos docentes: ganan un promedio de 750 dólares, sin premios o compensaciones, bastante menos que cualquier otro profesional (http://www.lanacion.com.ar/1337924-shanghai-y-su-receta-para-el-exito, y http://asiapacifico.bcn.cl/noticias/entrevista-sing-kong-lee-instituto-singapur).

Porqué utilizar el término afrodescendiente en lugar de negro, este término alude a un grupo que comparte una historia y cultura particulares dentro de un país determinado, unidos por una conciencia de identidad a la cual adscriben, negro en cambio (legado colonial, black –ser humano de piel oscura- y nigger -esclavo- en inglés, o noir –por el color- y nêgre –por su condición servil- en francés), alude a una supuesta condición racial basada en diferencias fenotípicas (constructo social fuertemente arraigado si tenemos en cuenta que existe más variación genética al interior de los “grupos raciales” que entre ellos) que es sustento y justificación de todo racismo, y establecimiento de la pigmentocracia de origen colonial.
Que todos somos afrodescendientes demás está decirlo, todas las investigaciones apuntan a un origen africano de la humanidad, el problema es que no todos los afrodescendientes somos iguales, el término que se refiere a los grupos “melanodermos”, da cuenta de las condiciones históricas (y no las ancestrales) que hacen a esa ascendencia territorial; el punto de partida en América ha sido radicalmente distinto, las diferencias de acceso, uso y potencialidad de transformación del medio han marcado la heredabilidad de posibilidades que hoy siguen reproduciéndose.

Según Anton, “se entiende por ‘afrodescendientes’ a todos los pueblos y las personas descendientes de la diáspora africana en el mundo. En América Latina y el Caribe, el concepto se refiere a las distintas culturas ‘negras’ o ‘afroamericanas’ que emergieron de los descendientes de africanos, las que sobrevivieron a la trata o al comercio esclavista que se dio en el Atlántico desde el siglo XVI hasta el XIX”[5]. Este término tomo fuerza desde una mirada reivindicativa, desde los afrodescendientes y para los afrodescendientes, en el año 2000 durante la conferencia de Durban: “de acuerdo con Romero Rodríguez, en el mes de diciembre de aquel año, en Santiago de Chile, donde se realizó la Conferencia Preparatoria de las Américas, “entramos negros y salimos afrodescendientes” (Rodríguez, 2004). Esta afirmación de fondo simboliza una ruptura epistemológica de gran significación estratégica. Se alude a una evolución conceptual de la identidad cultural y política de los descendientes de la diáspora africana. Se abandona el tradicional concepto de ‘negro’, el que implica el contexto amplio de significación racial, para abordar una noción de ‘afrodescendiente’ dentro de un modelo más complejo, que traspasa la ‘raza’ para reconocerse a sí misma como una comunidad étnica que politiza su identidad en tanto se considera un pueblo” (Antón et al., 2009: 20).

Es importante leer críticamente, e informarse correctamente, antes de escupir improperios sin fundamento a troche y moche con un afán tremendista, que fomenta más la discriminación (de todo tipo, la que tiene bases étnicas, la propia del racismo o la xenofobia) de lo que pretende mitigarla. Sobre todo para no caer en ese “lamento boliviano”, del que hablan los Enanitos Verdes.

Quedan todos conminados a asistir a la marcha que parte desde el Obelisco en repudio a la agresión sufrida por Tania Ramírez, este miércoles 19 a las 18:00hs.

8 comentarios:

  1. Muy interesante, serio.
    Comparto que han operado cuestiones inherentes al racismo estructural y sus manifestaciones cotidianas, eso es insoslayable, pero complejizadas por cuestiones propias de un fenómeno un tanto más amplio, la violencia estructural y sus manifestaciones.
    De algún modo el artículo “Azabache y Afrodescendiente” problematiza el abordaje predominante de este episodio, allí radica su aporte. No obstante, creo que la categoricidad que se imprime a algunas de las reflexiones resulta excesiva considerando la rigurosidad de las mismas, dicho esto si se las juzga desde una perspectiva científico-técnica.
    Sobre la visibilización del episodio, como sucede habitualmente depende de la inscripción social de los protagonistas; se observa, en la condena pública de los hechos, otro tipo de desigualdad, que es sobre todo de clase. Por importantes que hayan sido las repercusiones que tuvieron los hechos citados en el artículo, no se acercan a la de este último; no hace falta considerar los hechos que a diario permanecen invisibilizados.
    Saludo la manifestación, y me alegro por la gran convocatoria, construye. Si en adelante, somos capaces de identificar y reaccionar con igual efusividad frente hechos de similar naturaleza, habremos avanzado en términos de igualdad y seremos entonces una sociedad menos violenta. De lo contrario, movilizaciones como las de hoy, por mejores intencionadas, no pasarán de ser respuestas de clase.
    Gracias Gonzalo por compartir esto, ayuda a profundizar en el componente racial de este asunto, y sobre todo a seguir pensando.

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  2. al contrario, considero que hoy la postura hegemónica es la que desconoce las circunstancias sociohistóricas de los distintos tipos de violencia, constituyéndola una entelequia social, homogeneizada bajo un término que no tiene significación unívoca, atemporal y ahistórico, (desconociendo los distintos estadìos históricos de nuestra sensibilidad) y por lo tanto imposible de ser problematizado.
    Sobre el resto acuerdo totalmente, aunque no me queda muy claro que intentas decir cuando expresas que no hace falta considerar los hechos invisibilizados cotidianamente (si es lo que ocurriò en el manejo de este caso o si es lo que tú consideras adecuado)

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  3. Me refiero al abordaje predominante en prensa y en la discusión púbica desencadenada, los que se han concentrado en el componente racial de este asunto. Si bien coincidimos en que en la reyerta hubo expresiones que dan cuenta de la persistencia de interiorizaciones discriminatorias, sigo teniendo la impresión de que el detonante central del episodio no es una agresión con motivaciones raciales.
    Con “los hechos invisibilizados diariamente”, me refiero a otros que ni siquiera trascienden como sí ocurrió ante lo sucedido a Tommy y Luciana Sampaio y mucho más con Tania. Por supuesto que es deseable que estos sucesos sean señalados y condenados, simplemente intento señalar la desigualdad que se produce en la repercusión dependiendo del origen socio-cultural de los protagonistas.

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  4. No coincido en establecer "grados" o porcentajes de racismo en una agresión, el problema fundamental es que no reconocemos que somos racistas, que tenemos estos mecanismos discriminatorios tan interiorizados que cuando afloran en un contexto violento no los reconocemos como tales (como expresiones racistas en este caso), sino que descentramos la atención de este factor problemático invisibilizándolo y por lo tanto facilitando su reproducción, incluso tratando de justificar la agresión responsabilizando a la agredida de motivar la golpiza.
    En el resto acuerdo totalmente.

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    1. No asigno "grados" ni "porcentajes", considero que nos hemos “quedado cortos” en el abordaje y la discusión sobre el asunto; como lo señale antes, lo sucedido da cuenta de un fenómeno más amplio y complejo que una agresión donde las motivaciones centrales son raciales. El problema de “quedarse cortos” es el correlato que ello genera en nuestras prácticas, donde también nos “quedamos cortos” a la hora de condenar agresiones ejercidas sobre otras minorías o grupos discriminados de nuestra sociedad, en ocasiones hasta más vulnerables por su escasa o nula organización.

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  5. Totalmente de acuerdo en que el fenómeno es mucho más amplio y por supuesto complejo, sin embargo en el afán de abarcar esa complejidad (que por las características de fenómeno complejo es inabarcable en su totalidad), se deja de lado el problema concreto del racismo evidente en este hecho en particular (espejo social grave), es triste y grave pensar en "diluir" el problema del racismo (y cualquier otro mecanismo discriminatorio dado en situaciones violentas de este tipo) dentro de un complejo entramado de violencias sociales que desde luego la engloban, pero no son el componente principal en este caso. Todas las sociedades supieron (y en su mayoría hoy lo siguen haciendo) negar enfáticamente toda expresión de racismo, haya sido esta manifiesta (violentamente p.e.) o no.
    Por otro lado, si no abordamos el problema específico (quedarse en "la cortita"), porque forma parte de una realidad compleja, careceremos de toda posibilidad de problematizar (o mejor des-naturalizar) cualquier tipo de violencia (doméstica, de clase, racista, xenófoba, de género, etc., cada una siempre está intersectada por alguna de las otras pero es imposible su análisis si no delimitamos esa complejidad en esferas abarcables por nuestra limitada visión) bajo la pretensión holística de las ciencias humanas

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  6. Creo que no hemos aprovechado la oportunidad para problematizar y contextualizar este episodio con connotaciones racistas en el "complejo entramado de violencias sociales que desde luego lo engloban".

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  7. Seguramente sea así, y esto radica en nuestra incapacidad para colocarnos en el lugar del otro

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