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miércoles, 10 de julio de 2013

Insumos teórico-prácticos para conocer e intervenir en la temática del uso de drogas. Módulo de profundización I

La actividad correspondiente al Módulo de profundización I (realizado en octubre 2012), consistió en la realización de un breve informe bajo las siguientes consignas:

En base al antecedente del proyecto de Ley enviado semanas atrás desde el Poder Ejecutivo al Parlamento Nacional, a la lectura del libro de Transform y al análisis de los casos prácticos presentados en esta clase,

1. Evaluar, brevemente, cuál modelo o combinación de modelos podrían ser más eficaces para la regulación del mercado de la marihuana en Uruguay y por qué?

2. Esbozar cuales deberían ser las dimensiones de regulaciones y controles más importantes a tener en cuenta para construir un “modelo uruguayo”. Fundamentar


De los cinco modelos básicos presentados en el texto de Rolles (prescripción, venta libre, venta a través de farmacias, venta con licencia y establecimientos con licencia) estimo que de la combinación de los dos últimos, sin excluir la posibilidad de abarcar la venta en farmacias, se podría generar un modelo integral de mayor eficacia en nuestro país, siempre teniendo en cuenta que “lo que determina la eficacia de los resultados es el régimen de control” (Rolles, 2012:xv) a lo que agregaría las buenas prácticas en educación y prevención, que han demostrado ser en extremo efectivas en el caso del consumo de tabaco, dónde las restricciones impuestas a la publicidad del producto, sumadas a las diversas instancias educativas desde edades tempranas, se hacen evidentes en el descenso del consumo advertido en las recientes encuestas (Suárez 2012), coincidiendo con lo expresado por la Junta Nacional de Drogas que “asume la política en drogas como un continuo, desde un enfoque plástico y singular, que va desde la promoción de hábitos y valores saludables, prevención, reducción de daños, tratamiento y rehabilitación, reinserción social, control de la oferta de drogas y prevención y control del lavado de activos[1].

Una conjunción de ambos modelos, bajo el supuesto ideal de un mercado de marihuana no comercial, permitirá una comercialización responsable donde no tenga sentido tratar de incentivar el consumo o captar nuevos adeptos, asimismo, los controles sobre la calidad y potencia del producto permitirán disponer de una sustancia significativamente menos tóxica (por la ausencia de adulterantes). Un ejemplo de esto son los clubes cannabicos españoles, al decir de Martin Barriuso “nos decantamos claramente por este tipo de fórmulas democráticas y no lucrativas, donde se busca un equilibrio entre los intereses y derechos de personas productoras y usuarias, en vez de otras modalidades donde lo que prima es el interés económico de una minoría dedicada a la distribución de lo que otros producen y en general poco preocupada por las consecuencias de lo que vende”[2]; al contrario de lo que sucede con las drogas legales, “alcohol, tabaco y cafeína, se rigen mediante un mercado dominado por grandes empresas mercantiles y circuitos comerciales con precios bajos para los productores y predominio abusivo de los intermediarios, donde la búsqueda incesante de beneficios ha llevado a prácticas de ocultación e incluso incremento de riesgos (como los aditivos cancerígenos de muchas marcas de cigarrillos), y con las personas usuarias reducidas a un papel pasivo donde la única decisión posible consiste en comprar o no comprar” (Barriuso, 2011:6).

Para lograr un modelo eficaz del mercado de marihuana se deberán ejercer regulaciones sobre el producto, el vendedor, el punto de venta y el consumidor. Sobre la primera dimensión, los posibles controles a ejercer recaen sobre la potencia, calidad (tipo de variedad, transgénesis, agroquímicos relacionados, etc.) y la forma de presentación del producto (cigarros, alimentos, producto “puro”, etc.); se deberán controlar los precios para “desalentar la producción y venta ilícitas” (Rolles, 2012:135), así como las formas de envasado del producto (sello de seguridad, etiquetado, advertencias como en los paquetes de tabaco, etc.). Los controles sobre quien vende el producto devendrían de la capacitación que obtengan por parte del Estado (o actores sociales idóneos) para dosificar, promover el consumo responsable, brindar información pertinente, e identificar estados de intoxicación. Para controlar los puntos de venta, se deberán tener en cuenta los contextos topográficos (ubicación dentro de la totalidad urbanística) limitando la cercanía a locales educativos y la utilización de imágenes relacionadas al cannabis, deberán estar limitados “sólo a la venta/consumo de cannabis” (Rolles, 2012:137). Por último, los controles a ejercer sobre los consumidores, en primer lugar deben tener en cuenta la edad y nacionalidad del usuario (evidenciadas en la cédula de identidad), zonificaciones para el uso de la sustancia (asimilables a las vigentes para el tabaco), estimular formas alternativas de consumo menos nocivas.

A pesar de la perspectiva expuesta (sustentada en la posibilidad de implementar un modelo ideal), es “crucial reconocer que la regulación legal de las drogas no eliminará el consumo problemático o dependiente de estas sustancias. La prohibición no puede producir un mundo libre de drogas, y los modelos regulatorios no pueden producir un mundo libre de daños producidos por estas sustancias. Algunas personas continuarán siendo afectadas negativamente por su consumo de drogas, o como resultado del consumo que otras personas hagan de estas sustancias. Las muy publicitadas tragedias relacionadas a las drogas seguirán ocupando los titulares de los noticieros. La regulación legal no es una bala de plata ni la panacea para el “problema de las drogas”, como quiera ésta sea concebida.” (Rolles, 2012:11)



Lista de referencias

Barriuso, Martin. (2011). Los Clubes Sociales de Cannabis en España. Una alternativa normalizadora en marcha. Federación de Asociaciones Cannábicas. Disponible en: http://druglawreform.info/images/stories/documents/dlr9s.pdf

Rolles, Stephen (2012). Después de la Guerra contra las Drogas: Una Propuesta para
la Regulación. Fundación Transform Drug Policy. Disponible en www.tdpf.org.uk.

Suárez, Héctor. (Coord.). (2012). Quinta Encuesta Nacional en Hogares sobre Consumo de Drogas. Informe de Investigación. Montevideo. JND.

Documentos on-line

Regulación controlada del mercado de marihuana. Una alternativa al control penal y a la criminalización de los usuarios. Recuperado 14 de octubre 2012. Disponible en: http://www.infodrogas.gub.uy/index.php?option=com_content&view=article&id=388&catid=35&Itemid=80



Barriuso, Martin. (2012). Entre la autogestión y la mercantilización. Los Clubes Sociales de Cannabis en la encrucijada. Recuperado 13 de octubre 2012. Disponible en: druglawreform.info/es/weblog/item/3716-entre-la-autogestion-y-la-mercantilizacion

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martes, 9 de abril de 2013

INSUMOS TEÓRICO-PRÁCTICOS PARA CONOCER E INTERVENIR EN LA TEMÁTICA DEL USO DE DROGAS V

 En el quinto módulo (profundización del análisis de los paradigmas científicos más importantes con los que contamos hoy para comprender los distintos usos de drogas y para desarrollar respuestas educativas y terapéuticas para su abordaje) los pasos y consigna central para el desarrollo de este trabajo (realizado junto a G. Pereyra) fueron los siguientes:


  1. Seleccionar y caracterizar brevemente un colectivo humano en nuestro país que haga un uso habitual de una determinada droga legal o ilegal. Este colectivo podrá, o bien, 1. hacer un uso habitual y no problemático de esta sustancia, o bien, 2. hacer un uso problemático de esa sustancia que requiera alguna atención específica (ya sea preventivo/educativa o terapéutica).
La propuesta de trabajo constó de las siguientes pautas:

  1. En base a sus conocimientos y experiencias, qué acciones y/o programas específicos conocen (preventivos o terapéuticos) que estén diseñados para trabajar focalizadamente con esta población. Mencionarlos brevemente.
  2. En base a los paradigmas analizados (enfermedad y aprendizaje social), cuál de estos paradigmas dirían que representa mejor las bases teóricas y metodológicas de las acciones y/o programas que mencionaron en el punto 1. Por qué?
  3. Cuál es su percepción general acerca de la eficiencia y eficacia de estas acciones y/o programas y cómo creen que se podría mejorarlos? Fundamentar.
  4. Finalmente, que aportes y acciones concretas se podrían desarrollar desde un paradigma de gestión de riesgos y daños para abordar el consumo del grupo seleccionado. Mencionar los más importantes.


Fuente: buenaforma.org


Para la realización de esta actividad, el colectivo seleccionado, es  el de varones jóvenes -de 18 a 25 años- con uso habitual y problemático de alcohol. Destacamos que en nuestro país del total de consumidores de alcohol el 17,7% son hombres, contrapuesto a un 4% de mujeres. Siendo, por otra parte, en la población de 18 a 25 años, uno de cada cuatro los usuarios que realizan un uso problemático de esta sustancia[1]. Por uso habitual y problemático  entendemos, el consumo de “dosis leves o moderadas de una determinada sustancia durante un periodo de tiempo relativamente largo” (Fernández, Lapentina 2008: 43). La categoría de uso problemático está dada por la influencia negativa del consumo sobre sus áreas vitales del individuo: la salud física o mental, las relaciones sociales primarias y secundarias y las relaciones con la ley. En relación a los programas específicos para trabajar focalizadamente con esta población, destacaremos el Método Minnesota y el grupo de autoayuda de Alcohólicos Anónimos (AA), íntimamente emparentados en cuanto a sus bases teóricas[2]. El programa de AA se inscribe dentro de las comunidades anónimas de doce pasos, están constituidas como grupos de autoayuda que se reúnen con el objetivo primordial de que sus miembros se mantengan abstemios y ayudar a otros usuarios problemáticos a alcanzar el estado de abstinencia. Sus miembros, cuyo anonimato se garantiza, comparten entre sí sus distintas experiencias y como lograron su recuperación a través  de la práctica de los doce pasos. Haremos una reseña de estos, ya que formara parte del análisis propuesto en la consigna. 

1.   Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.

2.    Llegamos al convencimiento de que un Poder Superior podría devolvernos el sano juicio.

3.    Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.

4.    Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.

5.    Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos.

6.    Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de todos estos defectos de carácter.

7.    Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.

8.  Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.

9.  Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.

1.  Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.

1.   Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla.

1.  Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.[3]

Fuente: sinaddictus.com



En cuanto al Método Minnesota, destacamos que fue creado en la década de 1940 en los Estados Unidos, precisamente en el Estado de Minnesota, de donde obviamente se extrae el nombre, donde Instituciones sanitarias aunaron sus esfuerzos en pro del tratamiento del alcohol, el avance del mismo luego toma los procedimientos de otras drogas. Está basado en el programa de doce pasos de AA y está claramente orientado hacia la abstinencia, considerando a la misma el pilar de la recuperación. Este programa se aboca a lograr dos metas a largo plazo, la abstinencia total a las drogas y el logro de una mejor calidad de vida. Se plantea como primer paso el “Ayudar a la persona a admitir que está enferma y que necesita ayuda, y convencerse que podrá vivir una vida constructiva con la realidad de una enfermedad que no tiene cura”[4]. El núcleo del tratamiento se basa en un cambio en el “estilo de vida” y la recuperación se iniciaría, cuando la persona, manifiesta un deseo de cambio en este sentido. Es condición sine qua non, para la recuperación la admisión por parte del adicto de su incapacidad paracontrolar su adicción, y la última etapa de este proceso es el logro del mantenimiento de la abstinencia. Por último, el programa sugiere como medidas preventivas contra recaídas el asistir en forma regular a AA/NA (y de por vida), la invalidez de cualquier excusa para consumir, cuidarse de la confianza excesiva y saber que “una dosis es demasiado y mil no son suficientes”. Se plantea así, la recuperación de la adicción como una forma de vida.

Ahora bien, creemos que es claramente el Paradigma de la Enfermedad (PE) el que está puesto en juego, representando las bases teóricas y metodológicas de los programas mencionados anteriormente, explícitamente se dice que el alcoholismo “es una enfermedad imposible de detener con la sola fuerza de voluntad […] progresiva e incurable”[5]. Para fundamentar esta afirmación comenzaremos planteando algunos de los supuestos básicos de este paradigma. En primer lugar el PE enuncia que “Existen personas que NACEN con una predisposición a hacer usos dependientes y problemáticos de las drogas” (Fernández, Lapentina 2008: 48), el que estas experimenten con las mismas podrá llevar en un alto número de casos a que las personas desarrollen un uso dependiente y problemático con la sustancia. La dependencia es considerada a su vez una “enfermedad de la voluntad”, los mecanismos de autocontrol con respecto al consumo de dicha sustancia, están dañados, impidiendo de forma absoluta, que la persona pueda llevar adelante un consumo controlado, el “biopoder está ahí para defender mi cuerpo y mi vida biológica, y el precio que pago por eso es, precisamente, mi muerte como sujeto político, mi entrega pasiva a manos de los expertos, mi infantilización radical y extrema. El Estado es mi pediatra”[6], en este caso junto al paraestado. Se destaca el carácter de irreversibilidad de la adicción, es decir, que esta no podrá ser curada, sólo detenida. Por último se plantea desde este paradigma, que la no suspensión del consumo de la sustancia, acarreará un deterioro progresivo del adicto.

En primer lugar vemos que este paradigma se plantea como objetivo la abstinencia sostenida, única vía para la recuperación, esto lo encontramos también en el modelo Minnesota que plantea como última etapa del proceso de recuperación el mantenimiento de la misma y su sostenibilidad en el tiempo. De la misma manera, en el programa de AA, será uno de los objetivos primordiales el logro de la abstinencia de sus miembros. En ambos programas existe la concepción de la adicción como una entidad absoluta, siendo la misma considerada una enfermedad. Se plantea asimismo la imposibilidad de curación de la adicción, ya que el daño en los mecanismos de autocontrol es irreversible. En el caso de AA, se plantea directamente, que para poder mantenerse abstemios, es imprescindible reconocerse enfermos, solicitar ayuda, y creer en un poder externo a sus miembros, muchos lo llaman Dios, otros se refieren sencillamente a un poder Superior o incluso a la conciencia de grupo.  Es, a partir de esta ingobernabilidad de sus vidas, que se entregan a un poder superior que les devuelva el “sano juicio”, como se explicita en el programa de doce pasos.
Aquí quedaría planteada, entonces, la abstinencia como condición necesaria, para la conformación de un proyecto de vida, por el contrario, mientras la adicción este activa, equivaldría a un “proyecto de muerte”.

En relación a la eficiencia y eficacia de estas acciones, destacamos:
En primer lugar, que más allá de la eficacia que estos programas puedan tener con algunos usuarios, la acentuación de la dimensión psicobiologica de la adicción deja de lado otros factores como los psicosociales, reduciendo las alternativas para la gran mayoría de los mismos. Si bien es innegable el aporte que desde el PE, se realiza en relación a los procesos neurobiológicos y a las intervenciones farmacológicas, creemos que estos modelos adolecen de reduccionismo. Asimismo se trata la químico-dependencia como una enfermedad y desde este modelo se postula que esto favorece el tratamiento humanitario para los adictos promoviendo la abstinencia. Quedando implícito que el enfermo no es culpable de su enfermedad, teniendo esto efectos terapéuticos. Pensamos que la concepción de la adicción como una enfermedad, primaria, crónica, progresiva e irreversible, deja al usuario seriamente inhabilitado para su propio cambio personal no pudiendo, desde esta teoría, hacerse responsable del mismo y teniendo sus mecanismos de control dañados, por lo cual la única alternativa posible es el trabajo continuo para mantener la abstinencia. Por otra parte, existe un gran número de usuarios dependientes de  sustancias psicoactivas para los cuales la abstinencia no se constituye como una meta posible, siendo el consumo controlado una meta viable para un mayor número de usuarios. Por consumo controlado entendemos reducción de frecuencia, dosis, cambio de sustancia. En este sentido, se puede decir que “en el campo del tratamiento de los usuarios problemáticos de drogas […] del 100% de las personas que consultan solamente entre el 7 y el 10% estaría preparado para dejar de consumir e iniciar un tratamiento abstinencial, el restante 90% siente que no quiere o no puede dejar de consumir en ese momento” (Fernández, Lapentina 2008:53). Es así entonces, que nos enfrentamos a un modelo de corte exclusivamente abstinencial, que se convierte en excluyente y expulsivo para un gran número de usuarios problemáticos. Las practicas o acciones realizadas desde este paradigma presentan menor cobertura y retención de la población destinataria que las realizadas desde otro tipo de paradigmas, como el del aprendizaje social. En relación a este último, el PE, ha logrado menor volumen de evidencia científica de investigación que pueda dar sustento empírico a sus presupuestos, así como menor respaldo y eficacia en líneas generales. En relación al grupo de AA, aunque pensamos queda comprendido dentro del  análisis realizado, tiene ciertas peculiaridades que nos interesa resaltar. La fe, la esperanza y el amor son transversales en todo el discurso referido a la experiencia dentro del grupo, así como la gratitud hacia Dios, por lo tanto es un método que además de excluir a quien no cesa totalmente el consumo, excluye a quien no cree (en Dios, energía superior, etc.). Es un discurso casi místico (siempre que se habla del grupo) que pone en el arrepentimiento (el “borracho arrepentido” según algunos testimonios), el lugar de partida central hacia la salvación (abstinencia). En este devenir se suceden, en muchas ocasiones, consumos compulsivos tratando de llenar el vacío posterior al cese del uso abusivo de alcohol. Es así que la comida, el juego, el tabaco, etc. pueden empezar a aflorar, llegando a consolidarse como problemáticos.

A lo largo de nuestro trabajo nos planteamos problematizar esto que parece ser una verdad sustancial, un método casi milagroso y de extensa difusión en nuestro país, pero que lo percibimos demasiado homogeneizante, en este sentido excluyente y no necesariamente efectivo. Por otra parte, creemos importante, rescatar como puntos positivos dentro de estos grupos la concepción de ayuda mutua entre sus miembros ya que, para muchos usuarios problemáticos que asisten a los mismos, no solo el contar con los otros, sino ser catalizadores en el proceso de sus compañeros en cuantiosas ocasiones resulta terapéutico y estimulante para sostener su tratamiento.
En este sentido nos parece necesario señalar que el PE, sobre el cual nos extendimos y el paradigma del aprendizaje social, que mencionamos, no son necesariamente excluyentes sino que  el desafío consiste en “…entender en qué nivel se centra cada modelo para explicar el fenómeno de la adicción y para qué nivel deja de ser explicativo, pasa a ser reduccionista y es necesario cambiar de paradigma”[7].
Por último, mencionaremos algunas acciones concretas que se podrían desarrollar desde el paradigma de gestión de riesgos y daños (GDR) para abordar el consumo del colectivo que seleccionamos. Puntualizamos que se entiende por RIESGO la “probabilidad que tiene cualquier conducta humana de causar potencialmente alguna consecuencia negativa, para la persona o para su entorno, en campos tan diversos como ser la salud, física, emocional, legal, relacional o económica.”[8] Por otra parte los beneficios y daños estarían simultánea y potencialmente presentes en este comportamiento y la evaluación de los mismos serán distinguidos por el sujeto a partir de su contexto social. Se concibe que las políticas de gestión de riesgos y daños son “la respuesta integral y sistematizada de las sociedades modernas a un conjunto determinado de comportamientos de riesgo, las prácticas y estrategias de gestión de riesgos y daños tienen un origen tan ancestral en las sociedades humanas como los mismos comportamientos de riesgo.”[9] Es en este sentido que las políticas de GRD rescataran y se sustentaran en “el saber antropológico y el acumulado de miles de años de comportamientos humanos tendientes al autocuidado”[10] .Básicamente destacaremos acciones concretas, que orbitan en el campo de la educación y de la salud, hemos podido apreciar también que cuando hablamos de reducción de daños lejos estamos de considerar la abstinencia como solución, reconociendo sí los logros alcanzados y antes fundamentados de los sistemas Minnesota y AA, pero asumiendo la dificultad de ellos en nuestro país, (Un análisis al modelo de reducción de daños de Juan Palacios)
Es así que planteamos como fundamental el acceso a una información clara, lo más objetiva y desprovista de posibles prejuicios, dirigida al aumento de conocimientos sobre efectos, riesgos y medidas de cuidado con respecto al consumo de alcohol. Orientada, a minimizar el potencial daño, inclinando la balanza hacia los potenciales beneficios. No le estaríamos diciendo al sujeto que no consuma alcohol, sino que se le estarían brindando herramientas, tendientes a minimizar los riesgos en el consumo. Por otro lado, destacamos la importancia de acciones que tiendan a sensibilizar a la sociedad sobre la naturalización del consumo de alcohol y la necesidad de abordar esta temática desde la salud y la inclusión social. Por último subrayamos la importancia para la reducción de riesgos y daños en esta temática, del diseño de planes de prevención y tratamiento, teniendo en cuenta las realidades y características de los distintos grupos de usuarios, en un nivel que se relacione con “posibilidades” y no solo con “ideales”.


Referencias Bibliográficas

Fernández, S., Lapetina, A. (2008). Contacto. Guía para el trabajo con usuarios de drogas en el Primer nivel de Atención en Salud y otros contextos clínicos y comunitarios. El Abrojo. Frontera. Montevideo

Lapetina, Agustín. (2012). Paradigmas para comprender e intervenir sobre los usos de drogas. Presupuestos e implicaciones prácticas. Segundo Encuentro Presencial, Insumos teórico-prácticos para comprender e intervenir en la temática del uso de Drogas. FLACSO Uruguay Suárez, Héctor. (Coord.). (2012). Quinta Encuesta Nacional en Hogares sobre Consumo de Drogas. Informe de Investigación. Montevideo. JND.

Políticas de gestión de riesgos y daños: Un marco general para la prevención del uso problemático de alcohol desde la promoción de salud. Insumos teórico-prácticos para comprender e intervenir en la temática del uso de Drogas. FLACSO Uruguay

Referencias web

El modelo Minnesota. (2008). Recuperado: 30/08/2012. Disponible en: http://blogsdelagente.com/varios/2008/10/14/el-modelo-minnesota/

Nuñez, Sandino. (2012). De la ideología al biopoder. Recuperado: 03/09/2012. Disponible en: http://sandinonunez.blogspot.com/2012/07/de-la-ideologia-al-biopoder.html

Pena por apuñalar a otro joven: terapia en Alcohólicos Anónimos. (2011). Recuperado: 02/09/2012. Disponible en: http://www.subrayado.com.uy/Site/News.aspx?NiD=4514&section=comments 

Entradas relacionadas 





[1] V Encuesta Nacional de Hogares 2012

[2] Esta elección responde además  a la reciente noticia: “Pena por apuñalar a otro joven: terapia en Alcohólicos Anónimos” 22/09/2011

[3] http://blogsdelagente.com/varios/2008/10/14/el-modelo-minnesota/
[4] http://blogsdelagente.com/varios/2008/10/14/el-modelo-minnesota/
[7] Paradigmas para comprender e intervenir sobre los usos de drogas. Presupuestos e implicaciones prácticas. MSc  Agustín Lapetina.
[8] Políticas de gestión de riesgos y daños: Un marco general para la prevención del uso problemático de alcohol desde la promoción de salud.
[9] Ídem.
[10] Ídem.

sábado, 12 de enero de 2013

Insumos teórico-prácticos para comprender e intervenir en la temática del uso de Drogas IV

Para el cuarto módulo (Género y usos de drogas) la consigna propuesta fue: 
1. Seleccionar un grupo de personas del mismo sexo de la comunidad donde resides o donde trabajas, que haga un uso regular de una determinada droga legal o ilegal.
2. Identificar cuáles serían aquellos posibles aspectos socio-culturales de la comunidad de referencia que estarían incidiendo sobre ese consumo de drogas (promoviéndolo, potenciándolo, inhibiéndolo, etc)
3. En el caso de que esos patrones socio-culturales de género estuvieran promoviendo o sosteniendo conductas de mayor riesgo, ¿qué acciones generales se podrían tomar para reducir la incidencia de estos factores?
4. En el caso de que esos patrones socio-culturales de género estuvieran promoviendo o sosteniendo conductas de autocuidado, ¿qué acciones se podrían tomar para promover esos factores?


Fuente: http://www.ctgrupo4.com/ctgrupo4_producto_detalle.php?nid=4


A pesar de vivir en un país con un alto grado de adultos mayores, este estrato social se encuentra altamente segregado e invisibilizado, sus prácticas de consumo han sido poco estudiadas generando un vacío en las políticas orientadas a solventar problemáticas relacionadas al mismo, tanto comportamentales como físicas. Siendo dentro del consumo de drogas, legales e ilegales, el del alcohol el más extendido en nuestro país, y entendiendo género como una categoría relacional (Fernández, 2001), ya que la “masculinidad existe sólo en contraste con la femeneidad”. Es decir que una “cultura que no trata a las mujeres y hombres como portadores de tipos de carácter polarizados, por lo menos en principio, no tiene un concepto de masculinidad en el sentido de la cultura moderna europea/americana” (Connel, 1995: 2). A partir de estas conceptualizaciones trataré de abordar someramente la problemática del consumo de alcohol en adultos mayores hombres, considerando en primer lugar queen el grupo de los adultos mayores, el consumo es tan igual como en el de los jóvenes. La diferencia es que es más constante en los adultos. (http://www.diarioelpueblo.com.uy/generales/los-jovenes-no-son-los-unicos-con-consumo-problematico-de-alcohol.html), y teniendo en cuenta luego que a pesar de poseer menor percepción de riesgo que los jóvenes con respecto a su consumo,  “a los mayores de 50 años, una o dos copas de alcohol los afectarían más de lo que ellos creen(http://www.elacontecer.com.uy/2803-el-consumo-social-de-alcohol-afecta-mas-a-los-adultos-mayores-que-a-los-mas-jovenes.html), así como una incidencia de consumo severo casi excepcionalmente masculina, sólo el 0.3% de las mujeres mayores de 65 años presenta este tipo de uso abusivo de la sustancia (Berriel, Fernandez, Rodriguez, 2010).

Compartiendo lo expuesto por Maristela Moraes (s/f), considero que el consumo de alcohol en nuestra sociedad desde tempranas edades es producto de la construcción social del ser hombre, se nos incita desde niños (a los hombres) a tomar alcohol con las comidas por parte de nuestros mayores, padres o allegados, (ésta es una práctica que reconozco habitual en zonas del interior de nuestro país), ya que así somos hombres, nos hacemos hombres, es un rito de paso más por el que debemos transitar para llegar a la adultez, masculinizada o culturizada como masculina. Así estas prácticas que nos definen desde niños como hombres, como varones, y propias de nuestra cultura (“Cada sociedad ha crecido en función de una droga que la impregna. Occidente, por el alcohol (desde hace dos mil años).” Fericgla, 2008) devienen en el futuro como respuesta “problemática” ante distintos disparadores físico-emocionales que de la única manera que podemos afrontar es en el mostrador, con una copa de por medio, donde, además, se juntan varias soledades en un espacio privado (ya no la calle, espacio tremendamente expuesto y juvenil por excelencia), invisibilizando aún más el consumo problemático de alcohol en esta franja etaria.

Teniendo en cuenta que las políticas educativas formales o las de corte prohibitivo (disponibilidad a determinadas horas y en determinados lugares), tendrían poco o nulo alcance en este grupo etario específico, debería pensarse en otro tipo de estrategias de prevención y educación a través de los medios masivos de comunicación, haciendo especial hincapié en los efectos nocivos de este consumo vinculados a la imagen estereotipada del varón. Seguramente puede prevenirse el consumo abusivo de alcohol en futuros adultos mayores, es decir los jóvenes y adultos actuales, con aquel tipo de medidas sumadas a los cambios profundos que se han venido produciendo en el concepto de masculinidad en nuestro país.

Por último planteo con Moraes que “la resolución de los problemas de este escenario también pasa por la adecuada utilización del género como herramienta analítica, como gafas para mirar e intervenir en la complexidad (sic) del tema” (Moraes, s/f:9)



Referencias bibliográficas:
Berriel, F. Fernández, R. Rodriguez, S. (2010). INFORME DIAGNÓSTICO BASE PARA LA ELABORACIÓN DE LÍNEAS ESTRATÉGICAS DE POLÍTICA PÚBLICA EN LA TEMÁTICA DE ENVEJECIMIENTO Y VEJEZ. Mides, Montevideo. Disponible en: http://www.unfpa.org.uy/userfiles/informacion/items/916_pdf.pdf

Connel, R. (1995) La organización social de la masculinidad. En: Valdes, Teresa y José Olavarría (edc.). Masculinidad/es: poder y crisis, Cap. 2, ISIS-FLACSO:Ediciones de las Mujeres N° 24, pp. 31-48. 

Fernandez, S. (2001). MUJERES Y USO DE DROGAS. Elementos para la reflexión desde una perspectiva de Género.  EL ABROJO, Montevideo.

Moraes, M. (s/f). Socialización masculina y usos de drogas: cuestiones de
género en políticas públicas en Brasil. Universidad Autónoma de Barcelona (España) y Instituto Papai (Brasil)

Recursos web:

2009. El consumo social de alcohol afecta más a los adultos mayores que a los más jóvenes. Disponible en: http://www.elacontecer.com.uy/2803-el-consumo-social-de-alcohol-afecta-mas-a-los-adultos-mayores-que-a-los-mas-jovenes.html


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